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    El anuncio de la separación de la infanta Elena y su aún marido Jaime de Marichalar.

    Por V.A. | 16 Diciembre, 2007

    1159859285755.jpgResulta curioso el modo de anunciar la separación entre la infanta Elena y Jaime de Marichalar con un tímido “han convenido el cese temporal de su convivencia matrimonial” o como dice Peñafiel, que no se calla una, con “un eufemismo que alguien de vuestra Casa se ha sacado de la manga para no hablar de separación y, mucho menos, de divorcio”.
    Y no es de extrañar que resulte curioso si comparamos la impostura con el comunicado oficial de su boda que la Casa Real hizo el 23 de noviembre de 1994, que aunque escueto fue seguido tres días después, día de su petición de mano, por una aparición de la pareja ante más de 100 periodistas donde especificaron cuando se llevaría a cabo el enlace además de responder a sus insistentes preguntas. En cambio con motivo de su separación no han querido hablar ante los medios de comunicación, prefiriendo que sea EFE quien respondiese al interrogante.
    Si no se anunció a bombo y platillo su separación, ya se han encargado los medios, aunque con mayores dificultades afirmaría si me apuran, que las que tuvieron el 18 de marzo de 1995, día de la boda de la pareja que como acertadamente escribía Juan Balansó “más tuvo de espectáculo que de sacramento” y que llevó a Manuel Vicent en el País a escribir al día siguiente: La televisión, la prensa y la radio… se han visto obligados a montar una gran ficción durante una semana… Se ha llevado hasta la cima más sublime la boda de una infanta…Sevilla ha prestado su pasión y la cal más maravillosa del sur. El espectáculo folclórico, aristocrático, religioso cañí, de flamenco y pata negra, ha alcanzado la categoría de la más alta confitería. El intento de crear una nueva realidad ha funcionado en fin de semana”.
    Y es que esta publicación no deja duda que al igual que ocurrió con la boda del príncipe  Felipe y Letizia Ortiz, los medios auparon a los novios al altar, restando importancia incluso al asunto, achacando a la emoción y al nerviosismo que a la Infanta Elena se le olvidase  hacer lo único que tenía que hacer aparte de dar el sí, pedir permiso a su padre como establecía el protocolo.

    Topics: Jaime de Marichalar, Elena de Borbón y Grecia |

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